Sé que existes. Que estás allí, en algún lugar, esperándome. Pero no te preocupes, nos acabaremos encontrando. Al fin y al cabo, no sabes quien soy.

CVL

lunes, 10 de enero de 2011

No hay nada en lo que emplé más tiempo que en recordar. No hay nada de lo que hable más, que de mis propios recuerdos. No hay nada que cambiaría por cada uno de ellos, ¿qué sería de mi entonces cada noche sin ellos? No hay nada más maravilloso que ellos. No hay nada más triste que ellos.
Pero los necesito para seguir adelante. Son mi medicina día a día, cuando me aburro los saco. Cuando sueño, los saco. Cuando me ilusiono, los saco. Cuando lloro, los saco. Cuando pienso, los saco.
Vivo con ellos y ellos conmigo. Los hay para cuando me apetece despegar, para cuando me apetece pensar, o cuando me apetece sentirme especial. Los hay para todo tipo de gustos, y emociones. Los hay fuertes, y débiles. Y quizás, mis recuerdos más simples sean los más importantes. Y aquí estoy, redactándo recuerdos en mi misma. Ni los que me hacen volar, ni los de pensar, ni los especiales. Espolvoréo los fundamentales.
Y alejándome de ellos, miro al frente, y veo el mar. Una playa detrás de mi, la infinidad del mar delante, con su barquito de vela blanco, imprescindible en una playa. Y yo estoy quieta, reprimo las lágrimas; No voy a llorar.
Ni avanzo, ni retrocedo. Estoy a un paso de la arena, y a otro del mar. A tan solo un paso más. Un paso que no pienso dar. Decido esperar. Decido esperar a que me agarren, o a que me empujen.
Y seguro que esperando puedo pasar horas, días, semanas. Pero da igual, espero, ya me acostumbré a hacerlo.