Sé que existes. Que estás allí, en algún lugar, esperándome. Pero no te preocupes, nos acabaremos encontrando. Al fin y al cabo, no sabes quien soy.

CVL

domingo, 17 de enero de 2021

 

No quiero arrastrarte conmigo a un mar enfurecido lleno de olas que empujan mar adentro a todo lo que se baña en él. Quiero que seas luz cada vez que te despiertas. Que sigas bailando aunque no haya música. Que los días se te hagan cortos, que nunca se te olvide reír.

Crúzate de calle por favor. Aunque creas que está en rojo. Sigue caminando empoderada. No mires atrás. No lo hagas nunca. 

Tú, amanecer en mitad de la noche. Coge aire y carrerilla, tienes la vida delante. Déjame cuidarte así, déjame quererte de esta manera. Déjame darte la oportunidad de salir a flote. No mires atrás. El capitán se hunde con su barco. No seas barco y sé gaviota, gaviota que vuela lejos, que se sienta en la orilla. Que respira y que siente la arena entre las patas. 

Vuela alto porque prefiero verte volar a que vivas en una jaula. Déjame verte volar.



lunes, 12 de octubre de 2020


Hay días que mantienes en la mente como si el tiempo no hubiera pasado por ellos. Recuerdo las paradas de metro y mirar mi reflejo en el espejo. Arreglarme el pelo y pintarme los labios. Recuerdo tu parada, las escaleras, mis ganas y mis nervios. Recuerdo salir a la calle, buscar el tabaco en el bolso. No encontrarlo. Mirar en el bolsillo. Encontrarlo. Recuerdo encenderme un cigarro en la esquina de tu casa. Recuerdo cruzar la calle y ver la terraza donde habíamos quedado. Sé que llegué tarde. En realidad llegué muy tarde. Recuerdo verte a lo lejos. Recuerdo tu cerveza en la mesa y tu presencia ausente. Recuerdo verte leer un libro mientras me esperabas. Recuerdo acercarme y que no me vieras. Recuerdo que me miraste y me dijiste que como podía estar tan guapa. Recuerdo besarte. Recuerdo hablar de política y de sueños, de la vida, de ti y de mí. Recuerdo tu olor en mi camisa. Recuerdo las cervezas que no me dejaste pagar. Recuerdo ir al baño y querer darme prisa para seguir escuchándote. Recuerdo sentirme vida. Recuerdo levantarnos. Recuerdo ir al súper. Recuerdo cenar en tu cama y quedarnos con hambre pero no con las ganas. Recuerdo quedarme dormida y no soñar. Recuerdo despertarme y empezar a hacerlo. Recuerdo tus manos en mi cuerpo, tu boca en la mía. 


Pero sobre todo, recuerdo volver a casa con ganas de más.


domingo, 27 de septiembre de 2020


¿Sabes cuántos pasos hay de tu casa a la mía?

Yo sí porque los conté.

Nos separan un millón de suspiros al aire que no llegarán a tu cuello.

Hay un sinfin de sueños entre mi calle y la tuya,

y son siete los semáforos que me hacen el camino más lento hasta tu boca.

Una colilla apagada en tu esquina es la que me avisa de lo inoportuna que soy, y que te habrás dormido antes de que marque tu número para que me abras.

Entre tu casa y la mía hay apenas unos metros pero tantos kilómetros de desencuentros que para cuando quiero llegar siempre se me ha hecho tarde.

Hay un paso entre tu cara y la mía y un centenar de ellos entre mi risa y la tuya, que no se juntan ni aunque me asome a mirarte y sepa que eres tú quien se cambia de acera. 

Hay un puente entre el perdón y el olvido que no tiene final construido y son varios los túneles que no nos atrevemos a cruzar. 

Sí. Conté los pasos que me separan de ti. 

Y son tantos que, cuando camino hacia ti, el horizonte nunca me pareció tan lejano. 


domingo, 20 de septiembre de 2020

 

Nunca me había parado a pensar que acabaría escribiendo sobre esto, pero me siento tan desesperada, preocupada y frustrada que solo se me ocurre expresarme como mejor me siento y es de manera desahogada a través de la escritura.

Tras dos años de situaciones difíciles, de condiciones precarias, de sentir un ahogamiento continuo en el sentido laboral, acaba pasando algo como esto. Dos años en una carrera continua con una meta clara: el trabajo por el que tanto has estudiado y aceptado contratos basura con el único fin de adquirir la experiencia que tanto te piden y pocos te dan la oportunidad de alcanzar. Cuando por fin consigues alcanzar cierta "estabilidad", cierta "independencia", (y lo escribo entre comillas porque cuando la vida te cuesta mucho más de la mitad de lo que cobras no sé si podría considerarse como tal), llega el parón que menos te habrías imaginado. En el peor momento, con un trabajo que te gusta, que te permite compaginar tu vida personal con tus obligaciones, sintiéndote más liberada que nunca, con personas que te gustan, con el corazón más lleno que nunca para dar amor y recibirlo, sin miedos y con unas inmensas ganas de vivir, la vida se para.

Todo ese esfuerzo que solo tu mismo sabes cuanto te ha costado, parece convertirse en nada. Tu vida deja de ser tu vida, desaparece. Tantas horas de metro, tantas horas de prácticas sin que nadie se pare a tenerte en cuenta, tantas horas en esa oficina que muchos días solo te provocaba ganas de llorar, tuppers, no tener tiempo para ti, seguir formándote milagrosamente con el tiempo que dispones, idiomas, facturas, una pelea continua por no tirar la toalla porque la ilusión siempre ha pesado más en mi balanza... 

Ves tu futuro más negro que nunca, con unos políticos que parecen niños en el recreo, con un sistema que colapsa, que consume, que mata y que aun así perdura. La sensación de que no importas lo más mínimo pero los demás si que deben importarte a ti. Una oscuridad absoluta, carencia de oportunidades, la renuncia a mi tan sagrada "independencia" que tanto significa para mí... 

Ojalá pestañear los ojos, ojalá abrirlos y volver a despertarme meses atrás, en mi casa, no en la de mi madre, en la mía, con sus facturas, su frío, sus carencias, pero aun así saber que de alguna manera me lo labro yo, me lo gano yo, y pasa por lo tanto a ser mío. 

La desesperación más intensa como nunca he sentido se apodera de mí, es inevitable sentir ganas de llorar cuando todo lo que lees, oyes, y ves gira en torno a un virus maldito que tanto nos ha quitado a todos. Pero más me supera cuando veo que nada parece tener un sentido racional, cuando todo se está yendo a la mierda, cuesta abajo y sin frenos. 

Aplaudir a las ocho quedaba muy bien en las redes sociales, y ahora resulta que hay que aceptar que esa misma gente que aplaudía tenga la desfachatez de reunirse en espacios cerrados, siendo más de la cuenta sin tener ningún tipo de consideración con una causa que nos repercute a todos. A veces me avergüenzo de ser joven cuando miro a mi alrededor y predomina el serrín dentro del cerebro. Supongo que los habrá que no han perdido nada. Que los habrá que no tenían que hacer acrobacias para pagar el alquiler hasta trabajando nueve horas al día. Y me desespero más. 

No pido ni quiero que nadie me regale nada, me cuesta dejarme ayudar, me cuesta resignarme a aceptar todo esto como única opción. Solo quiero que mis capacidades y conocimientos, que son muchos, se vean de una puta vez reconocidos y pueda conseguir mi rinconcito en el mundo donde, aunque el presente esté jodido, siga teniendo la opción de seguir luchando para conseguir un futuro.


sábado, 19 de septiembre de 2020


Es curioso, pero no termino de tomarme enserio que existas porque me resultas un sueño.



miércoles, 15 de julio de 2020



La mayoría de las cosas importantes de la vida las aprendemos tarde.
Para cuando nos queremos dar cuenta, el contador ya está a cero y no siempre desandar nuestros propios pasos resulta la opción más sabia.
Puede que sea una norma intrínseca en la acción más pura de vivir. Aprender de lo que hicimos creyendo que lo hacíamos bien. Aún recuerdo cada vez que pensaba que el resultado era llegar a la meta y no como había llegado a la misma. Creemos que hay meta cuando la meta puede que sea un lugar que no pisemos nunca porque cuando pensemos que estamos cerca, resulta que se ha bifurcado el camino.
Me gusta pensar que estoy llena de ellas, de metas que quise lograr que acabaron quedándose en otra cosa. Lo importante es lo que acabó dejándome el recorrido. Todas las veces que di la vida por un sueño y que incluso antes de realizarlo, me desvíe. Esos desvíos, todos y cada uno de ellos, son mi meta. Los que sí me han hecho llegar más lejos. Cuando creía que lo sabía todo resulta que aún quedaba mucho más y después de ese más acababa habiendo otro destino.
Siempre aprendiendo la lección tarde porque para cuando ya sabes lo que desconocías el propósito es otro. Lo divertido es que por el camino encuentras otras puertas y otras personas que como tu van buscando algo que probablemente nunca encuentren pero te llenas de ellas. Ellas son las lecciones que llegan tarde. Y qué cosa tan preciosa. A veces lo que parecía que debías haber aprendido antes llega en forma de otras manos, de un nuevo amigo, de una nueva experiencia.

Y así sucesivamente aprendes que, aunque casi nunca a tiempo, todo lo que necesitabas encontrar aparece mientras no lo estabas buscando.




domingo, 26 de abril de 2020



Prefiero quererte así, en la distancia y en el recuerdo.
Lejana e intensa. Cercana y distante. Omnipresente, desaparecida.
Encontrarnos de vez en cuando en sueños, a veces de la mano, a veces de la mano de otra.
Mirarte como se mira la luna, tan bonita en su libertad que enjaularla para poder tocarla sería todo un atentado contra la vida misma. Mi luna, ahí en el cielo, brillante, grandiosa.
De vez en cuando paseo un rato por esas ciudades que pisamos que habitan en mi memoria, y te veo a ti, a veces feliz, a veces no tanto. Y pienso en que importante resulta para mi el haberme cruzado contigo en esta vida, en todo lo compartido, en la experiencia, los errores, en cómo de maravilloso me resulta que hayas formado parte de mi.
Te veo a ti pecando en el exceso de cantidades si de amor se trata y a mi fallando en el déficit de las mismas. Nadie tiene que cargar con el sobre exceso ni por consiguiente nadie tendría que guardárselo todo para uno. Pero así es, esta historia entre tantas. Con su trama y su drama, con su locura y su calma. Con su desenlace.
Prefiero quererte así. Entre mi nunca y mi siempre. Entre el ayer y el mañana. Pero nunca presente.
Prefiero quererte así. Sin que tú me quieras.



martes, 21 de abril de 2020

lunes, 6 de abril de 2020


Estos días de aislamiento impuesto me ha dado por pensar un poquito más de la cuenta.
Esta reclusión absoluta tiene una parte oscura que irónicamente brilla más que nunca en cada uno de nosotros.
¿Cómo de intenso puede ser el peso de la memoria?
No nos damos cuenta que con cada paso que damos nos acercamos más al futuro mientras construimos pasado. Sí, este momento presente será pasado alguna vez. ¿No es acaso sino eso maravilloso?
Nos invade en la memoria el olor a otro momento tan difuso como nítido y nos crea una congoja perturbadora. Desequilibra.
Somos la prueba de que se sigue caminando aunque incluso nos quedemos sentados pues no hay nada más real que una sonrisa repentina que llega por un recuerdo de un momento que jamás volverá a ocurrir. Y que a la vez ocurre cientos de veces, dentro de nosotros.
Aún siento esa respiración tras mi nuca aunque mi cama esté vacía.
Me huelen a alcohol las manos de esa noche jóven que transcurrió aquella vez y a la vez miles de veces en el mar de mi cabeza.
Oigo tu risa en mitad del silencio.
Siento tus brazos en mis brazos vacíos, tu lengua en mi lengua.
Residen en mi tus palabras, la sonrisa de mi amigo, los planes que sí logramos cumplir.
¿No es acaso magia que habite para siempre en cada uno de nosotros toda esa fantasía?
Adios... Como metáfora está bien. Uno no se despide nunca de lo que vive dentro de uno...
Nuestros pasos andados... Un regalo.


martes, 24 de marzo de 2020



Tal vez te acuerdes de mi con el paso de los años, 
No por mi cara ni mis manos, ni mi forma de reír
Tal vez te acuerdes de mi cuando a una niña le cantes
Las melodías que os hacía sin guitarra en el jardín
Y cuando ya no puedas más de tanto amor sin escalera
Cuando busques piso a medias y colchón
Y cuando no quieras dormir por ver dormir a tu pareja, quizá me entiendas
Tal vez te acuerdes de mi, y yo tal vez me olvide de ti
Deshaciendo el oleaje que ofrezcan rápido en los bares las mujeres que no vi
Tal vez, tal vez volvamos a vernos
Y compadezca a la persona que entristezca tu perfil
Y cuando escuches Nessum Dorma y haya estrellas
Escapando de si mismas con color
Vas a acordarte de mí
Y cuando llores a escondidas porque no te abraza
Y cuando solamente quieras que te quiera él
Y cuando sientas celos del aire que roza su garganta, amor
Vas a acordarte de mí, tal vez te acuerdes de mí


A.S